Nutrición y ejercicio físico

¿Por qué es importante la estrategia nutricional y el ejercicio físico durante la pérdida de peso?

Para explicarlo, veamos dos casos clínicos de la consulta con una pérdida de peso similar pero con un resultado final muy diferente.

Caso 1
(pérdida de peso SALUDABLE)

En el primer ejemplo se presenta una pérdida de peso de muy buena calidad, siendo exclusivamente de grasa y preservando completamente la masa muscular y ósea. La paciente tuvo muy buen cumplimiento del plan de alimentación y ejercicio. El porcentaje de grasa corporal bajó de un 47.3% hasta un 25.4% (normal entre 20-30%).

El resultado final es excelente, normalizando su porcentaje de grasa corporal y conservando un buen desarrollo muscular, hecho fundamental para preservar el metabolismo basal y facilitar de esta forma el mantenimiento del peso perdido a medio-largo plazo.

Caso 2
(pérdida de peso NO saludable)

En el segundo ejemplo se puede observar una pérdida de peso también importante, pero sin embargo en este caso se produce en gran porcentaje a expensas de masa muscular (- 4.7 kg) y masa ósea (-0.54 kg minerales), lo que se relacionaría también con una pérdida de densidad mineral ósea, aumentando el riesgo de osteopenia/osteoporosis y fracturas óseas.

Esto se explica debido a una baja adherencia al plan de alimentación recomendado y ausencia de ejercicio durante todo el proceso. El porcentaje de grasa tan solo se reduce de un 55% a un 49.1%.

El resultado final es un pobre estado muscular y una reducción considerable del metabolismo (“enlentecimiento”), aumentando las probabilidades de recuperar el peso y afectando directamente a su estado de salud.

Riesgos para la salud de una pérdida de peso no saludable. Conclusiones:

La pérdida de peso se puede conseguir con diferentes estrategias, pero algunas de ellas pueden desencadenar múltiples efectos perjudiciales sobre la salud:

  • Reducción de la masa muscular y riesgo de sarcopenia (déficit de fuerza y masa muscular).
  • Disminución de la densidad mineral ósea, riesgo de osteopenia/osteoporosis y fracturas.
  • Empeoramiento del rendimiento físico, movilidad y calidad de vida.
  • Reducción o enlentecimiento del metabolismo basal en relación a la pérdida de masa muscular, aumentando el riesgo de reganancia de peso a medio-largo plazo.
  • Posibles déficits nutricionales por dietas muy restrictivas o poco equilibradas.

El cortoplacismo, una nutrición inadecuada y la ausencia de control médico durante el seguimiento puede afectar como vemos a nuestro estado físico, metabolismo y salud en general.

Por ello, siempre es recomendable realizar una valoración inicial completa (historia clínica, estudio de composición corporal, estudio analítica y de posibles complicaciones asociadas a obesidad), establecer la estrategia más recomendable para cada persona y un adecuado seguimiento y monitorización durante el proceso, idealmente por un profesional especializado en el tratamiento del sobrepeso y la obesidad.

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