Tratamiento

Diabetes

¿Qué es la Diabetes?

La diabetes se define como un trastorno metabólico de diversa etiología caracterizado por la presencia de niveles elevados de glucosa en sangre (hiperglucemia) de forma crónica, derivado de defectos en la síntesis de insulina, alteraciones en la acción de la insulina, o ambos.

La insulina una hormona producida en el páncreas, cuyo función es llevar la glucosa de la sangre hacia el interior de las células del cuerpo donde se emplea como fuente de energía.

La diabetes es una enfermedad silente que a largo plazo puede dar lugar a complicaciones específicas (retinopatía y nefropatía, entre otras), acelera el proceso aterosclerótico y aumenta el riesgo de eventos cardiovasculares.

Generalmente la diabetes tipo 2 o del adulto suele aparecer de forma indolora y asintomática en las primeras fases de la enfermedad, siendo a menudo su diagnóstico casual mediante una analítica. Los síntomas aparecen de forma gradual conforme los niveles de glucosa en sangre aumentan, lo que origina que en ocasiones el diagnóstico se puede demorar meses o años.

Tipos de Diabetes

inyector diabetes

Diabetes de tipo 1


Representa el 5-10%. Aparece generalmente en niños y su etiología es autoinmune.

Diabetes tipo 2

Diabetes de tipo 2


Representa el 90 % de los casos. Aparece generalmente en adultos y su etiología está relacionada con el exceso de peso y envejecimiento.

mujer midiendo azucar

Diabetes gestacional


Un 10% aproximadamente de las mujeres embarazadas la tienen.

Signos y síntomas

Los signos y síntomas de hiperglucemia aparecen generalmente cuando los niveles superan los 200-250 mg/dl, los más frecuentes son:


  • Orinar mucha cantidad (poliuria)
  • Beber mucha agua (polidipsia)
  • Aumento de la ingesta (polifagia)
  • Pérdida de peso
  • Debilidad

Existen diversas situaciones que pueden descompensar la diabetes y provocar hiperglucemia, algunos de las más frecuentes son:


  • Ausencia o dosis insuficiente de antidiabéticos orales o insulina
  • Ingesta elevada carbohidratos y azúcares en la dieta
  • Inactividad física
  • Incremento de peso
  • Tratamiento con corticoides
  • Estrés emocional
  • Enfermedades intercurrentes como infecciones agudas, intervenciones quirúrgicas, accidentes, etc.

Es importante controlar estas circunstancias con el objetivo de evitar complicaciones agudas importantes como la cetoacidosis diabética o el estado hiperglucémico hiperosmolar. Para ello, la mejor prevención es llevar un control estricto de la enfermedad e identificar las causas que desencadenan la hiperglucemia para tratarlo a tiempo.

Diagnóstico

El diagnóstico de diabetes se realiza mediante un simple análisis de sangre. Los criterios diagnósticos de diabetes son:

  • Glucosa en ayunas mayor de 126 mg/dl.
  • Hemoglobina glicosilada (HbA1c) mayor de 6.4%. Este parámetro refleja el nivel promedio de glucemia de los últimos 3 meses.
  • Glucosa mayor de 200 mg/dl a cualquier hora del día junto con síntomas de hiperglucemia.

Por otro lado, existe un marcadores analíticos que predicen nuestro riesgo de padecer diabetes tipo 2 como son el índice de resistencia a la Insulina (HOMA) o una hemoglobina glicosilada en rango de prediabetes (HbA1c entre 5.7-6.4%). En estos casos deberían ponerse en práctica una serie de medidas para prevenir o retrasar la progresión a diabetes.

Complicaciones


La diabetes es una condición que predispone al desarrollo de complicaciones crónicas a nivel de pequeñas y grandes arterias. Un buen control de la enfermedad junto con el del resto de factores de riesgo como hipertensión, tabaco y colesterol son fundamentales para prevenir su desarrollo.

Complicaciones microvasculares
  • Retinopatía diabética.
  • Nefropatía diabética.
  • Neuropatía diabética.
Complicaciones macrovasculares
  • Cardiopatía isquémica.
  • Accidente cerebrovascular.
  • Arteriopatía periférica.

Retinopatía diabética

Una hiperglucemia crónica puede producir lesiones de la retina (microaneurismas, pequeñas hemorragias, exudados, etc) que según su localización puede afectar a la visión, especialmente si afecta a la zona de la mácula, responsable de la visión central. Actualmente es la principal causa de ceguera de la población en edad laboral en los países industrializados.

Se recomienda el cribado de retinopatía diabética mediante fondo de ojo en el momento del debut de una DM tipo 2 o a los 3-5 años del debut en los casos de DM 1. Posteriormente el cribado debe realizarse cada 1-2 años, pudiendo reducirse en caso de lesiones.

El objetivo del tratamiento en personas con afectación es mantener la visión y prevenir la pérdida visual progresiva. El tratamiento debe ser guiado por el oftalmólogo, pudiendo recomendar tratamiento con láser o inyecciones de fármacos intravítreas según el grado de afectación, junto con un estricto control glucémico.

Nefropatía diabética

Enfermedad microvascular renal se caracteriza por la presencia de albuminuria (pérdida de proteínas en orina) que se puede acompañar con el tiempo de una reducción progresiva del filtrado glomerular.

Se recomienda realizar un cribado de nefropatía una vez al año mediante la determinación del cociente albúmina/creatinina urinaria en una muestra de orina puntual.

El tratamiento se basa en un buen control glucémico, de lípidos en sangre y tensión arterial es esencial para revertir la nefropatía en fases iniciales o prevenir su desarrollo.

Neuropatía diabética

El tipo más frecuente de afectación es la polineuropatía simétrica distal. Como su nombre indica, es de distribución bilateral, simétrica y distal, predominando en miembros inferiores, especialmente en pies. Se manifiesta clínicamente como una disminución de la percepción del dolor, temperatura y vibración, a lo que se pueden añadir parestesias (hormigueos) y dolor de predominio nocturno.

De nuevo, un buen control glucémico y el cuidado de los pies es necesario para prevenir el desarrollo de neuropatía o lesiones en los pies como las úlceras.

Complicaciones macrovasculares

La aparición de complicaciones macrovasculares se relaciona con el proceso denominado ateroesclerosis. El estrechamiento progresivo de las arterias puede reducir el riego sanguíneo produciendo diversos problemas según su localización:

  • Cardiopatía isquémica o enfermedad coronaria.
  • Accidente cerebrovascular o ictus.
  • Arteriopatía periférica.

    Los pacientes con diabetes tienen un riesgo incrementado de padecer enfermedades cardiovasculares, siendo responsable del 65-80% de los fallecimientos en personas con diabetes.

    Este riesgo puede ser reducido mediante un adecuado tratamiento, cuyo abordaje terapéutico debe ser multifactorial, temprano e intensivo sobre los principales factores de riesgo: cambios en el estilo de vida, mantener un peso saludable, abandono de tabaquismo, control glucémico, reducción de tensión arterial y de dislipemia.


    Otras complicaciones potenciales de la diabetes son:

    • Pie diabético.
    • Disfunción eréctil.
    • Otros problemas oculares: glaucoma y cataras.
    • Mayor riesgo y susceptibilidad frente a infecciones.
    • Mala cicatrización de los tejidos.

    ¡Prevenir estas complicaciones con un adecuado estilo de vida, tratamiento y seguimiento está en tu mano!

    Dislipemia diabética y riesgo cardiovascular

    La diabetes tipo 2 se asocia con frecuencia a otros factores de riesgo cardiovascular tradicionales como hipertensión arterial o dislipidemia diabética. Además, también asocia otros factores de riesgo llamados emergentes como resistencia a la insulina, alteraciones de la coagulación, disfunción endotelial y estrés oxidativo. Todo ello provoca que las enfermedades cardiovasculares constituyen la principal causa de mortalidad en las personas con diabetes.

    La dislipemia diabética (también denominada dislipidemia aterogénica) está presente en el 85% de las personas con diabetes. Se trata de un conjunto de alteraciones de los lípidos en sangre relacionado con el exceso de grasa abdominal y resistencia a la insulina, por lo que también puede encontrarse en personas sin diabetes. El patrón clásico se caracteriza por:

    • Triglicéridos elevados.
    • Colesterol HDL bajo (“bueno” por su papel protector).
    • Colesterol LDL (“malo”) normal o elevado, pero con partículas de cLDL pequeñas y densas con mayor riesgo aterogénico.

    Habitualmente no hay apenas diferencias cuantitativas entre los niveles de colesterol LDL entre diabéticos y no diabéticos, sin embargo sí existen importantes alteraciones cualitativas. Los pacientes con diabetes presentan con frecuencia partículas de colesterol LDL más pequeñas y densas, de forma que son más susceptibles a que se oxiden y adhieran a la pared arterial en comparación con las partículas LDL normales, lo que les hace ser especialmente de riesgo.

    El tratamiento de la dislipemia diabética debe ser multifactorial. La pérdida de grasa abdominal, el aumento de actividad física y la terapia nutricional permiten mejorar el perfil lipídico. Cuando a pesar de ello, las cifras de colesterol y triglicéridos no se encuentran en un nivel de seguridad, debe valorarse la asociación de tratamiento farmacológico.

    En definitiva, en la personas con diabetes es vital hacer una adecuada evaluación del riesgo cardiovascular (mediante una historia clínica completa, parámetros analíticos y pruebas complementarias o de imagen) y un tratamiento que sea multifactorial, temprano e intensivo para el control metabólico de los principales factores de riesgo, con el objetivo de reducir la incidencia de enfermedad cardiovascular.

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