Dislipemia

Se denomina dislipemia a la alteración de la concentración de grasas o lípidos en sangre (colesterol, triglicéridos o ambos). Según su origen podemos diferenciarlas en primarias y secundarias:

  • Dislipidemias primarias: relacionadas con causas genéticas (hereditarias o familiares) como por ejemplo hipercolesterolemia familiar, hiperlipemia familiar combinada o la hipercolesterolemia poligénica.
  • Dislipidemias secundarias: se producen en relación a la presencia de determinadas enfermedades (obesidad, diabetes, hipotiroidismo mal controlado, algunas enfermedades renales o hepáticas), determinados estilos de vida (alimentación inadecuada, sedentarismo), secundario a fármacos (corticoides, anticonceptivos…) o de forma fisiológica en el embarazo.

Según el tipo de lípidos elevados en sangre diferenciamos distintos tipos de dislipemias:


  • Hipercolesterolemia
  • Hipertrilgiceridemia
  • Dislipemia mixta (colesterol y triglicéridos elevados)
  • Dislipemia aterogénica

Dislipemia aterogénica

Un patrón característico de lípidos en sangre frecuente en personas con exceso de grasa a nivel abdominal y resistencia a la insulina es la denominada Dislipemia Aterogénica. Este perfil de grasas en sangre es también frecuente en personas con diabetes y está asociado a un incremento significativo del riesgo cardiovascular. El patrón clásico se caracteriza por:


  • Triglicéridos elevados: por encima de 150 mg/dl)
  • Colesterol HDL bajo (denominado colesterol “bueno” por su papel protector): menor de 50 mg/dl mujeres o menor 40 mg/dl hombres.
  • Colesterol LDL normal o elevado, pero con un predominio de partículas LDL pequeñas y densas.

Estas partículas LDL más pequeñas y densas presentan una mayor tendencia a adherirse a la pared de los vasos sanguíneos (mayor potencial aterogénico). Esto hace que este patrón de grasas en sangre sea especialmente peligroso para sufrir enfermedad cardiovascular.

La pérdida de peso, el aumento de la actividad física y la dieta permiten mejorar el perfil lipídico y reducir el riesgo cardiovascular. Cuando a pesar de ello, las cifras de colesterol y triglicéridos no se encuentran en un nivel de seguridad, debe valorarse la asociación de tratamiento farmacológico.

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