Recientemente he tenido el placer de colaborar con El Diario de Andalucía en un amplio reportaje sobre la situación actual de la endocrinología y los retos a los que nos enfrentamos a diario en las consultas. En esta entrevista, hemos abordado desde el diagnóstico de patologías tiroideas hasta el control del riesgo cardiovascular, pero me gustaría aprovechar este espacio para profundizar en uno de los temas que más dudas e interés genera actualmente: el uso de los nuevos fármacos para adelgazar.
En los últimos años, el desarrollo de medicamentos inyectables (como los análogos del GLP-1) ha supuesto un avance histórico en el tratamiento de la obesidad y la diabetes tipo 2. Sin embargo, como especialista, veo con preocupación una tendencia creciente hacia el mal uso de estas herramientas.
El riesgo de las «soluciones rápidas»: ¿Qué ocurre cuando usamos mal estos fármacos?
El principal problema que nos encontramos en consulta es el uso de estos medicamentos sin una supervisión médica exhaustiva, recurriendo a dosis elevadas combinadas con restricciones calóricas severas y un aporte de proteínas completamente insuficiente.
El paciente ve que la báscula baja rápidamente, pero lo que la báscula tradicional no cuenta es de dónde proviene esa pérdida de peso. Esta mala praxis provoca:
- Pérdidas excesivas de masa muscular (sarcopenia): No solo se pierde grasa, se destruye músculo.
- Consecuencias estéticas y funcionales: Pérdida de tono muscular, debilidad y flacidez evidente.
- Deterioro metabólico: Al perder músculo, el metabolismo basal se enlentece, lo que dispara el riesgo del temido «efecto rebote» en el momento en que se suspende la medicación.
- Déficits nutricionales: Por una alimentación restrictiva y mal planificada.
A esto hay que sumar un factor crítico: el fármaco no es una solución mágica independiente. Utilizar esta medicación sin modificar el estilo de vida de base (es decir, sin implementar una pauta nutricional adecuada, sin cambiar conducta y relación con la comida y sin incorporar la actividad física) conlleva un elevadísimo riesgo de recuperación de peso en cuanto se suspende el fármaco. Si no hemos construido unos hábitos sólidos durante el tratamiento, el efecto rebote está prácticamente garantizado.
Mi enfoque: Perder peso preservando la salud (y el músculo)
El fármaco es una herramienta excelente y de gran ayuda, pero nunca es un tratamiento aislado. En mis consultas, abogo por un enfoque riguroso donde el medicamento acompaña a un cambio de estilo de vida real. Para que la pérdida de peso sea verdaderamente saludable, el tratamiento debe sustentarse en estos pilares:
- Ajuste farmacológico individualizado: Usar la dosis adecuada para cada paciente y bien tolerada, no protocolos estandarizados.
- Plan nutricional personalizado: Garantizando un aporte proteico adecuado para proteger la musculatura y micronutrientes necesarios para evitar déficits nutricionales.
- Ejercicio físico pautado: Fundamental para mantener la funcionalidad y la masa muscular.
- Monitorización de la pérdida: En cada revisión, utilizamos el análisis de composición corporal InBody. Esta impedanciometría avanzada nos permite evaluar la cantidad y calidad de la pérdida de peso, asegurándonos de que estamos perdiendo masa grasa preservando masa muscular y ósea.
Un abordaje médico integral
El objetivo final de cualquier intervención en endocrinología, ya sea para tratar el sobrepeso, regular alteraciones del tiroides o controlar patologías como la diabetes y la hipercolesterolemia, va mucho más allá de aliviar un síntoma aislado o alcanzar un número en la báscula. Se trata de proporcionar las herramientas necesarias para ganar calidad de vida y, fundamentalmente, minimizar el riesgo cardiovascular a largo plazo.
Quiero agradecer a El Diario de Andalucía por dar visibilidad a esta forma de entender la medicina preventiva y el tratamiento integral de las enfermedades metabólicas y hormonales.
👉 [Puedes leer el reportaje completo publicado en El Diario de Andalucía haciendo clic aquí]
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